IV. La semiótica literaria

1. La semiótica y la filosofía del lenguaje. Perspectiva histórica.
La semiótica norteamericana.
La semiótica europea.
2. Elementos de semiótica.
Semiótica y lingüística.
Dominio de la semiótica.
3. La semiótica literaria. Literatura y lingüística. La literariedad.
Las connotaciones semióticas. La sociosemiótica.
La formación del significado textual. Texto y estructuras extratextuales según Lotman.


Encontramos una visión accesible de los problemas filosóficos en Acero, Bustos y Quesada (1982). Nuevas perspectivas en el estudio semiótico en Segre (1977) y Serrano (1981). Sebeok (1994) elabora una introducción muy útil y considera que la semiótica es una manifestación presente en cualquier forma de vida. Garrido [1987:11-25] (ver bibl. tema I) sintetiza en su artículo las cuestiones que afectan a la literariedad. La obra de Greimas-Courtés (1979) ha sido utilizada para definir algunos conceptos básicos. El volumen colectivo editado por Romera y otros (1994) está dedicado a la figura y la obra del lituano, afincado en Francia, Algirdas Julien Greimas. Barthes (1964) puede leerse teniendo en cuenta las dos "falacias" en que incurre según Segre [1977:117]. La obra de Lotman (1970) sigue siendo imprescindible para los acercamientos semióticos a los problemas extratextuales. Los números de la revista Signa, abordan monográficamente los siguientes temas: Ch. S. Peirce y la literatura el 1 y un panorama de la semiótica en Hispanoamérica el 2. También puede consultarse la revista Discurso, editada por la Asociación Andaluza de Semiótica y Ediciones Alfar de Sevilla.

ACERO, J.J.; BUSTOS, E. y QUESADA, D. (1982), Introducción a la filosofía del lenguaje. Madrid: Cátedra.
BARTHES, Roland (1964), Elementos de Semiología. Madrid: Alberto Corazón Ed., 1971.
GREIMAS, A.J.; COURTÉS, J. (1979), Semiótica. Diccionario razonado de la teoría del lenguaje. Madrid: Gredos, 1982.
LOTMAN, Yuri M. (1970), Estructura del texto artístico. Madrid: Istmo, 1978
ROMERA, J.; YLLERA, A. y GARCíA-PAGE, M. (eds.) (1994), Semiótica(s). Homenaje a Greimas. Madrid: Visor.
SAUSSURE, Ferdinand de (1916), Curso de lingüística general. Barcelona: Planeta, 1984.
SEBEOK, Thomas A. (1994), Signos: una introducción a la semiótica. Barcelona: Paidós, 1996.
SEGRE, Cesare (1977), Semiótica, historia y cultura. Barcelona: Ariel, 1981.
SERRANO, Sebastià (1981), La semiótica. Una introducción a la teoría de los signos. Barcelona: Montesinos.
Signa. Revista de la Asociación Española de Semiótica,. Madrid, UNED, Facultad de Filología.



IV. LA SEMIÓTICA LITERARIA

1. La semiótica y la filosofía del lenguaje.

Perspectiva histórica

La teoría de los signos o semiótica se desarrolla desde la Antigüedad. En su origen, se usó para designar la parte de la medicina que se ocupaba de interpretar los signos de las enfermedades (Galeno). Pero el interés por el lenguaje hace que el término se generalice. Platón (Cratilo) estudia las relaciones del lenguaje con la realidad, Aristóteles sienta las bases de la moderna teoría del lenguaje, los estoicos (Zenón y Cleantes y sus teorías semánticas), los epicúreos y hasta los escépticos son conscientes de la importancia del lenguaje en el conocimiento filosófico.
En la Edad Media también se desarrollan los estudios semióticos, sobre todo entre los lógicos y los gramáticos especulativos.
A partir del Renacimiento y hasta el Romanticismo, el centro filosófico es fundamentalmente epistemológico por el desarrollo de las ciencias empíricas, aunque la teoría del lenguaje siguió suscitando el interés de los pensadores de esos siglos.
Francis Bacon (1561-1626) habla del carácter previo de una teoría del lenguaje: "Imitar la sabiduría de los matemáticos y estipular al comienzo las definiciones de nuestras palabras y términos." (Del adelanto de la ciencia humana y divina).
Hobbes (1588-1679) habla en su Leviatán de los nombres y la función semiótica de nombrar: "Los nombres son simples marcas o señales sensibles de otras entidades conceptuales o no."
Locke (1632-1704) y Leibniz (1632-1704) también se interesan por cuestiones semióticas. El primero aspiraba al conocimiento de la estructura de nuestra mente a través del lenguaje. Leibniz habla de la idea de característica universal con la que piensa que podría crearse un lenguaje universal del pensamiento, concepto cercano a la noción moderna del universal semántico.
En realidad, todos los filósofos han sentido una gran preocupación por el lenguaje porque es la gran herramienta del conocimiento humano.

La semiótica norteamericana

Charles S. Peirce

Modernas investigaciones semióticas son las de Peirce (1839-1914), profesor en Harvard y en la John Hopkins University que inaugura la llamada semiótica norteamericana. Su monumental obra no ha sido publicada en su totalidad. La universidad de Harvard editó parte de sus escritos bajo el nombre de Collected Papers entre 1931 y 1958. Desde 1982, la Universidad de Indiana está publicando los Writings of Charles S. Peirce: A Chronological Edition, programados en unos treinta volúmenes. Hasta ahora se han publicado seis. Se puede consultar en la red

The Peirce Edition Project: www.iupui.edu/~peirce/

En español http://www.unav.es/gep/

No conocemos, por lo tanto, todas las ideas del genial pensador norteamericano aunque en los últimos tiempos está siendo estudiado y analizado con gran minuciosidad.
Peirce entiende el signo como un proceso, la semiosis:
Por semiosis entiendo una acción o una influencia que implica la cooperación de tres elementos, el signo, su objeto y su interpretante y esta influencia tri-relativa no puede en ningún caso reducirse a acciones entre pares. (Collected papers 5484, 1907. Recogido en Serrano, 1981:30)

El semiótico norteamericano más conocido es Charles Morris, para quien la semiótica sería la ciencia general de los signos, la investigación general de un sistema de signos cualquiera.Se dividiría en tres partes:

1. SINTAXIS. El estudio de las relaciones de los signos entre sí, con independencia de lo que designan y significan.
2. SEMÁNTICA. Esta disciplina estudiaría las relaciones de los signos con aquello que constituye su interpretación (el objeto).
3. PRAGMÁTICA. Se ocuparía de la relación de los signos con los sujetos que los usan, es decir, todos los aspectos contextuales.

Estos conceptos no son aceptados completamente por todos los lingüistas y teóricos de la filosofía del lenguaje. Hay problemas, sobre todo, en los aspectos que hacen referencia a la semántica y la pragmática del signo. Sus límites se confunden a veces.

La semiótica europea

De forma simultánea a las reflexiones de Peirce, en Europa Saussure imparte sus cursos de lingüística (de 1907 a 1912) que a su muerte publicarán sus alumnos Bally y Sechehaye en 1916. La primera traducción castellana aparece en 1945 en la editorial argentina Losada, de la mano de Amado Alonso.

Ferdinand de Saussure

Saussure es la base de los estudios lingüísticos contemporáneos. También de los literarios, que van indisolublemente unidos. Sus concepciones suponen un avance casi definitivo en la consideración científica de los estudios lingüísticos. Sin embargo, el "casi" se explica por el peligro de considerar todas sus ideas infalibles.
Saussure hable de semiología, como de tantas cosas, en su Curso, pero no desarrolla su propuesta.
El término semiología vamos a considerarlo, en principio, sinónimo de semiótica aunque en la evolución de los dos términos, a lo largo del siglo XX, pueden encontrarse difeencias. En 1969 se intentó solucionar el problema de la ambigüedad terminológica y se adopta internacionalmente el término semiótica. Se crea la Internacional Association for Semiotic Studies.

Después de Saussure comienzan los estudios que pretenden desarrollar de manera sistemática la ciencia propuesta.
Eric Buyssens concebirá la semiótica como el estudio de todos los sistemas de comunicación.
Hiemslev, en sus Prolegómenos (1943) realiza el primer intento totalizador de una teoría del lenguaje.
La influencia de Saussure en los estudios semióticos europeos ha reducido la visión del signo a los aspectos dicotómicos significante/significado. Esta visión estrictamente lingüista del signo debe ser superada (véase la obra de Cesare Segre). La lingüística europea excluye del análisis científico al referente, es decir, a la realidad denotada, al objeto.

2. Elementos de semiótica

Semiótica y lingüística

Hjemslev habla de la semiología como la disciplina general que estudia los sistemas de signos; su acercamiento es exclusivamente lingüístico, por lo que sostiene la necesidad de estudiar los problemas semiológicos lingüísticamente.
El lingüista danés parte de los estudios modernos de los lógicos (Carnal) que toman como base de sus estudios los sistemas de signos y los sistemas de juegos (v.gr. , el ajedrez) y estudian el lenguaje desde este punto de vista.
Hjemslev se apoya en dos criterios clasificatorios para elaborar su tipología semiótica:
a) la cientificidad (operación descriptiva que está de acuerdo con el principio empírico)
b) el número de planos (de lenguaje) de que está constituida

SEMIÓTICAS ..................científicas ........................no científicas

monoplanas ........................álgebra ...............................los juegos

biplanas...................... metasemióticas ....................semioticas connotativas
..............................semióticas denotativas...................................................

La literatura sería una semiótica connotativa (pluriplana más que biplana), considerada no científica por la dificultad que entraña la descripción rigurosa de esos lenguajes de connotación.

Barthes continúa esta línea y afirma que el lenguaje no sólo es uno de los principales sistemas semiológicos sino que en realidad la semiología es una parte de la lingüística, que sería la disciplina general puesto que es el lenguaje el que articula el mundo. Se trata de invertir la afirmación de Saussure. Barthes se limita a traducir cualquier sistema de signos a lenguaje para, de esta forma, humanizarlo mediante las dos falacias (de objeto y de procedimiento) que tan acertadamente nos señalara Cesare Segre (1977, pp. 116-118).
Como dice Sebeok (1994, p. 120), Barthes debe haber sido el único defensor de la postura radical de que la semiología no es sino una parte de la lingüística, cuando lo más operativo parece ser el estudio conjunto de la semiosis verbal y la no verbal.

(…) la lingüística es una rama autónoma, estructural más que funcional, de la semiótica. El resto de ella abarca una extensa variedad de sistemas no verbales de significación y comunicación que, en los humanos florece al mismo tiempo que el precedente, con el que se relaciona recíprocamente. (Sebeok, 1994, p. 127)

El pensamiento de Barthes a mediados de los sesenta está muy alejado de estas ideas del semiótico norteamericano. Su concepción es esencialmente lingüística y su programa semiológico sigue al pie de la letra el catecismo estructuralista.

Dominio de la semiótica

Metodológicamente, debemos hacer una triple distinción: semiótica teórica, semiótica descriptiva y semiótica aplicada.

a) Semiótica teórica

Examinaremos aquí los conceptos básicos de la disciplina, delimitando el ámbito de estudio.
Podemos hablar en este primer dominio de una semiótica general, necesaria para describir la existencia y el funcionamiento de todas las semióticas particulares.
Esta semiótica general o teoría semiótica tenderá a satisfacer las condiciones de cientificidad de toda teoría y por eso también es definida como un metalenguaje.
Ahora bien, el concepto metalingüístico -el lenguaje no sólo habla de las cosas sino también de sí mismo, la llamada función metalingüística de Jakobson- limita el marco teórico al campo lingüístico. Mejor sería hablar de una metasemiótica.
¿Qué elementos concretos estudiaríamos en este apartado del análisis?
En primer lugar, habría que estudiar la teoría semiótica por lo que ella es, es decir, una teoría de la significación.
Tendríamos que definir el concepto de sistema. De una manera general, sería el conjunto de reglas o principios conectados acerca de una materia determinada. Saussure parte de esta definición tradicional - dicho de otra forma, un todo coherente cuyos elementos dependen unos de otros- para precisar su concepto de lengua y, por extensión, de la semiología. Cualquier sistema constituye un conjunto estratificado en el que se pueden reconocer susbsistemas. De la misma forma que la lengua es un sistema de signos con un subsistema fonológico, otro morfológico, etc., podemos hablar del sistema de signos que es el baile, junto a sus subsistemas: el tango, el ballet clásico, etc. (otros ejemplos: la moda, la magia,…)
El siguiente concepto que debemos precisar es el de signo. Lógicamente, no hablamos del signo lingüístico sino de cualquier tipo de semiótica. La definición general es la siguiente: cosa que por su naturaleza o por convenio evoca en el entendimiento la idea de otra.
Hay que precisar esta definición ya que si no lo hacemos podríamos caer en la etiqueta, en la pura y simple nomenclatura.
Podemos acudir ahora al signo lingüístico para ver si su estructuración sirve a nuestros fines.
Saussure dice que todo signo es una entidad psíquica de dos caras, el significante y el significado.
Hjemslev habla del plano de la expresión y del plano del contenido.
Para Barthes, al igual que el lingüístico, el signo semiológico está compuesto de un significante y un significado. La literatura sería una estructura, la concepción estructural es la que da sentido a las cosas.

Lo que importa es poder someter a un principio de clasificación una masa enorme de hechos en apariencia anárquicos, y la significación es la que suministra este principio: junto a las diversas determinaciones (económicas, históricas, psicológicas) hay que prever ahora una nueva cualidad del hecho: el sentido. (Barthes, 1964c, p. 224)

El significado de los signos puede encontrarse en la naturaleza de éstos, y estaríamos entonces en una semiótica de la comunicación, o su significado es adquirido por el uso social, con lo que nos encontraríamos con una semiótica de la significación. Los límites entre una y otra se confunden, por lo que nos parece que esta distinción que se produce a partir de Barthes debe ser desechada. Los signos comunican pero también significan. Además, en la literatura se nos ofrecen abundantes ejemplos de intercomunicación entre esas dos supuestas semióticas.

Veamos ahora las ideas de la semiótica norteamericana. Para Peirce, no hay nada que no pueda ser un signo, pero el signo no existe si no actúa como tal.

Un signo o representamen es algo que representa algo para alguien en algún aspecto o carácter. Se dirige a alguien, es decir, crea en la mente de esa persona un signo equivalente o quizás aún, más desarrollado. A este signo creado, yo lo llamo el Interpretante del primer signo. El signo está en lugar de algo, su objeto. Representa este objeto no en todos sus aspectos, sino con referencia a una idea que he llamado a veces el fundamento del representamen. (Peirce, 1897. Collected Papers, 2.228)

Esta es una de las definiciones del semiótico norteamericano, quizás la más conocida. Como afirma Gorlée (1992:30):

Un signo consiste en la interacción significativa entre un primero, un segundo y un tercer elemento, en la que el tercero es el elemento mediador entre el primero y el segundo, creando la relación sígnica, que es una tríada indisoluble.

La lingüística norteamericana construye un modelo triangular para interpretar el signo e incluye el referente en su definición (Ogden y Richards, 1923).
El significante sería la unidad en el plano de la expresión.
El significado sería la unidad en el plano del contenido.
La entidad o referente sería el fragmento o la parte del mundo a la que hacemos referencia.
La clasificación de los signos que hace la semiótica norteamericana se basa, en gran parte, en el tipo de relación que el signo mantiene con el referente.

El ICONO establece una relación de semejanza con el mundo exterior (v.gr., una foto, una escultura,…).
En el ÍNDICE se establece una relación de contigüidad natural (una huella, el humo,…).
La SEÑAL es un signo artificial (señales de tráfico,…)
Por último, el SÍMBOLO se crea mediante una relación que se basa en la simple convención social (caballo=sexo; negro=luto).

La lingüística de inspiración saussereana afirma que la exclusión del referente es una condición previa y necesaria para el ejercicio de toda semiótica por lo que la clasificación norteamericana entra en la categoría de los no signos.
La llamada arbitrariedad del signo fue postulada por Saussure aunque de una forma muy imprecisa.

Roland Barthes

Barthes habla de sistemas arbitrarios y no arbitrarios, motivados o inmotivados.
Algunas de las afirmaciones que nos acercan a su maestro, el lingüista ginebrino, están presentes en sus principios de semiología, como, por ejemplo, la clásica distinción entre langue y parole que establece el proceso del sentido o la arbitrariedad del signo lingüístico que se extiende a la mayor parte de los sistemas de signos:
(…) la esencia misma de la investigación lingüística (y luego semiológica), el hecho de separar la lengua del habla, es al mismo tiempo establecer el proceso del sentido. (Barthes, 1964a, p. 24)

(…) en la mayoría de los sistemas semiológicos la lengua es elaborada no por "la masa hablante" sino por un grupo de decisión. En este sentido, puede decirse que en la mayoría de las lenguas semiológicas el signo es verdaderamente "arbitrario", puesto que es fundado de una manera artificial mediante una decisión unilateral. (Barthes, 1964a, p. 34)

Más que extender o generalizar el concepto de arbitrariedad a todos los signos semióticos, quizás lo que habría que hacer es cuestionar esa supuesta arbitrariedad de los signos, principio postulado por Saussure hace muchos años y aceptado casi sin discusión. No hay que tomarse este principio como un dogma de fe,

(…) las dificultades son inmensas si intentamos ver todos los signos lingüísticos como entidades arbitrarias en su mismo origen. Otra cosa es que el lenguaje fuera aumentando su arbitrariedad hasta llegar a la situación actual, en la que, sin embargo, ésta no es tan absoluta como solemos creer. (Bernárdez, 2004, p. 172)

Más que de la arbitrariedad del signo habría que distinguir entre signos motivados y signos convencionales.
Los signos motivados serían aquellos en los que se establece una relación en cierto modo necesaria y en parte convencional (no existe, por lo tanto, la motivación absoluta) en la cual el signo ofrece conexiones necesarias con el objeto al que se refiere. Tintinear sería un signo motivado y tintero sería un signo convencional.
Las onomatopeyas, a las que hace referencia Saussure junto a las exclamaciones, no serían los únicos signos motivados.
Ullmann (1972) considera que carece de objeto preguntar si el lenguaje es convencional o motivado. En todos los idiomas hay palabras arbitrarias y opacas y otras que son, al menos en cierto grado, motivadas o transparentes. Distingue entre motivaciones fónicas (no sólo lass onomatopeyas sino también términos homófonos, rimas complejas,…), motivaciones morfológicas (una secuencia que en su origen es convencional, al combinarse resulta motivada: parar y brisa son convencionales pero parabrisas es motivada) y motivaciones semánticas (relaciones entre el llamado sentido propio y el figurado, usos motivados por una relación de igualdad metafórica: entender es convencional pero Juan entiende en un contexto homosexual es motivado).
Dos tendencias opuestas se desarrollan con la lengua: muchas palabras pierden su motivación, mientras que otras, que eran opacas, se hacen transparentes en el transcurso de su historia, es decir, se vuelven motivadas.
Podemos afirmar que una gran parte del léxico de un idioma es motivado sobre la parte convencional de ese mismo idioma.
En todo caso, "(…) la arbitrariedad del signo no puede predicarse sino en referencia al significante." (Martínez-Bonati, 1984:132)
Los lingüistas saussureanos intentan negar este hecho al llevarlo a una esfera metasemiótica que llaman cultura en la que se estudiarían las distintas connotaciones sociales. Nos parece que esa esfera metasemiótica está por encima del concepto restrictivo europeo del signo lingüístico. Este universo semántico, pese a ser prácticamente infinito, está dentro de nuestra disciplina si aceptamos que el referente es parte inseparable del signo semiótico.

b) Semiótica descriptiva

En este ámbito se descriirán las situaciones comunicativas y significativas, clasificándolas y estratificándolas. Pueden describirse actos lingüísticos con los procedimientos habituales pero también los no lingüísticos como los gestos, una fiesta, un espectáculo, los saludos y despedidas, etc.
Puede parecer algo más difícil pero lo único que ocurre es que no hemos definido las unidades gestuales, festivas o espectaculares que permitirán una descripción taxonómica coherente de estos fenómenos semióticos.
Algo de esto es lo que ha hecho, desde la perspectiva antropológica, Galván Tudela (1987) al analizar las funciones y significados de, por ejemplo, la fiesta de La Rama en Gran Canaria, la de Los Corazones en Tejina (Tenerife) o los Carnavales.
El panorama descriptivo en su conjunto está presidido por dos vastos conjuntos que llamaremos macrosemióticas:
- Las lenguas naturales
- El mundo natural (o los contextos extralingüísticos)
Son llamadas naturales porque preceden al hombre, que las vive pero que no las construye.
De todas formas, aunque aceptemos este nombre de semióticas naturales o macrosemióticas sobre las que se ejercitan el resto de las semióticas particulares, la frontera entre lo natural y lo construido no está muy clara. Por ejemplo, el discurso literario emplea una lengua natural y la lógica parte, también, de ella. En ambos casos se trata, sin discusión, de verdaderas construcciones.
El problema está no en la oposición natural/construido sino entre semióticas científicas/no científicas.

c) Semiótica aplicada

Creo que a estas alturas podemos estar de acuerdo en el carácter interdisciplinar de la semiótica. El ámbito de aplicación es inmenso, abarca muchas materias.
Por la importancia del signo lingüístico, podemos hacer una primera distinción entre semióticas verbales y no vebales.
Pero, a partir de ahí, nos parece que el campo de la semiótica aplicada no se acaba nunca: el cine, la moda, las costumbres, la literatura, el juego,…


3. La semiótica literaria

Literatura y lingüística

Ya advertíamos, al hablar de la semiótica general, de los peligros en que se podía caer al utilizar herramientas lingüísticas en los análisis semióticos. Podemos reducir la visión, acotar en exceso el análisis.
Por ejemplo, Lévi-Strauss, en sus estudios antropológicos, intenta encontrar los esquemas fonéticos de mitos, ritos y estructuras de parentesco.
La teoría narrativa estructuralista también se desarrolla a partir de ciertas analogías lingüísticas. Todorov habla de sintaxis narrativa. También Propp desarrolló su teoría de los cuentos folklóricos a partir de analogías entre estructura de frase y narración.
Hasta ahora puede parecer que semiótica y estructuralismo son parcelas de una misma teoría. Debemos advertir que esto no es totalmente cierto.
No cabe duda de que los acercamientos más significativos a esta ciencia general de los signos ha partido de la escuela estructuralista. Sin embargo, hemos visto que si nos quedamos en esos presupuestos el proceso global que articula el fenómeno literario se nos escapa. Es lo que se ha llamado el "antihumanismo" de los estudios estructurales.
El estructuralismo es una corriente fundamentalmente lingüística y por ello se acerca al hecho literario en tanto que acto lingüístico. Está claro que la literatura se expresa a través del lenguaje pero, como dice Segre (1977:110):

(…) no es un hecho lingüístico [la literatura], la lengua es tan sólo su instrumento; la lingüística, pues, sirve para la interpretación del hecho literario por cuanto nos proporciona la competencia indispensable en el medio que utiliza la literatura para expresarse. Pero la lingüística sirve sólo hasta ese punto: hay una frontera que la lingüística no superará jamás. Deducción: un buen crítico debe ser efectivamente un buen lingüista, pero un buen lingüista no es necesariamente un buen crítico.

Parece evidente que el conocimiento previo lingüístico es necesario al acercarnos al fenómeno literario; lo que no es tan evidente es el campo que abarca la semiótica literaria.
Si analizamos los dos planos que componen toda semiótica, observamos lo siguiente:
a) Plano del contenido. No tiene un contenido propio. En realidad, abarca todo el universo semántico de una lengua natural dada.
b) Plano de la expresión. Hay una identificación total con las articulaciones lingüísticas. Incluso las llamadas formas literarias no tienen nada de específicamente literario ya que pueden encontrarse en cualquier tipo de discurso.
Podría hablarse de un discurso figurativo frente a los no figurativos y abstractos, como el discurso científico o el filosófico. Esta distinción puede ser útil aunque no es exclusiva del discurso literario. Otros discursos figurativos son el histórico, el mitológico, el folklórico,… Estos discursos no están dentro de la semiótica literaria.

La literariedad

Roman Jakobson

Roman Jakobson es el que introduce este concepto para hablar de lo específicamente literario, que se descubrirá mediante el análisis de los mecanismos y recursos verbales propios del lenguaje literario. Se rechazan, por tanto, los análisis extrínsecos necesarios para el estudio de las connotaciones. Además, se hace hincapié en la literatura lírica, en los recursos poéticos que destacan de manera especial en ese modo genérico y desarrolla la idea del procedimiento dominante.
La propuesta de Jakobson es un objetivo que se postula a priori puesto que se reconoce la autonomía del discurso literario frente a otros. No encontramos, sin embargo, leyes o simples regularidades que nos permitan darle un sentido al concepto de literariedad o literaridad.
Este sentido literario sólo se encuentra dentro del marco de una connotación social que varía según las culturas y las épocas.
Lotman (1970:34) lleva el problema a su lugar:

La literatura se expresa en un lenguaje especial, el cual se superpone sobre la lengua natural como un sistema secundario. Por eso la definen como un sistema modelizador secundario.

Un `poco más adelante nos da la clave del asunto:

Ya hemos tenido ocasión de señalar que los signos [artísticos] no poseen un carácter convencional, como en la lengua, sino icónico, figurativo. Esta tesis, evidente por lo que se refiere a las artes figurativas, aplicada a las artes verbales arrastra una serie de consecuencias esenciales. Los signos icónicos se construyen de acuerdo con el principio de una relación condicionada entre la expresión y el contenido. Por ello es generalmente difícil delimitar los planos de expresión y de contenido en el sentido habitual para la lingüística estructural.

Lo que está claro es que hay que atender, junto a la sintaxis y a la semántica, a la dimensión pragmática del fenómeno literario. Una dimensión que hay que analizar incluso antes que la sintaxis o la semántica para encontrar el sentido de un texto dado.

Las connotaciones semióticas. La sociosemiótica

El reconocimiento de la existencia de las connotaciones semióticas por la escuela europea no significa más que la aceptación de una evidencia que necesita, ahora, su teorización.
Se habla de sociosemiótica para estudiar las connotaciones sociales en donde se integrarían los problemas de la categorización del mundo, las funciones del lenguaje de Jakobson, la tipología de los géneros,… La psicosemiótica trataría las connotaciones individuales.

Algirdas Julien Greimas

Greimas dice que la semiótica de la cultura consistiría en la descripción del conjunto de axiologías (sistemas de valores morales, lógicos, estéticos,…), ideologías y prácticas sociales significantes.
Junto a estos estudios que nos orientarían a lo específicamente literario, no podemos olvidar una última condición indispensable para nuestra definición de la semiótica literaria: la referencia de valor.
El concepto de valor semiótico debe ocupar una posición central en nuestra estructura teórica. El término valor tiene muchas acepciones según la disciplina que los utilice.
La semiótica se introduce en el campo de la sociología para darnos una representación de la cultura identificada con la sociedad en cuanto significación.
Al mismo tiempo, podríamos realizar tipologías de las culturas y explicarnos el relativismo cultural de cada época.
Las connotaciones sociales se pueden analizar teniendo en cuenta varias dimensiones:

1) Actitudes adoptadas por una sociedad dada respecto a sus propios signos. Por ejemplo, los signos medievales son metonímicos y aluden a una totalidad de sentido (el árbol es eje entre los mundos en el arte románico, es también la naturaleza humana, es el árbol de la vida, la cruz; el castillo sería el alma,…). Los signos en el siglo XVIII son considerados naturales. El signo saussureano es considerado burgués por Barthes.

2) Modo y grado de veridicción que una sociedad atribuye a sus discursos. Se analizarían las actitudes colectivas concernientes a la interpretación veridictoria de los discursos-signos. Por ejemplo, en el uso del significante: ciertas sociedades aprovechan la materialidad del significante para señalar el carácter místico y verdadero del significado. Así, en la recitación de los textos sagrados, la distorsión rítmica de los esquemas de acentuación insinúan la existencia de otra voz y de un discurso "verdadero" que ella sostiene (los cantos gregorianos). Reificación (darle realidad) del significado. El discurso jurídico produce un referente interno implícito que produce la impresión de que las normas jurídicas están fundadas en una realidad (polémica ley/conciencia). El diálogo insertado en un discurso narrativo hace real la situación del diálogo. Estos tipos de ilusiones referenciales sirven siempre para producir los efectos de sentido "verdad" y estudiándolos en cada situación es como podemos determinar lo que en una determinada sociedad se considera un acontecimiento histórico y lo que es sólo ficción, lo que es una historia "verdadera" y lo que es una historia "para divertir". Estos criterios podrían servirnos, por ejemplo, para establecer una clasificación de los géneros literarios.

3) Otra forma de estudiar las connotaciones sociales sería el hacer una taxonomía de los lenguajes sociales. Distinguiríamos, por ejemplo, entre: lenguaje sacro/ lenguaje profano; lenguaje masculino/lenguaje femenino; lenguaje superior/lenguaje inferior. También analizaríamos las transformaciones e estos lenguajes provocadas por los cambios sociales. Por ejemplo, el lenguaje sacro socialmente fue primero religioso, luego filosófico e incluso poético…

Dentro del universo semiótico, Greimas diferencia tres elementos:

1) EL SOCIOLECTO O UNIVERSO SOCIOLECTAL. Son especies de sublenguajes reconocidos por las variaciones semióticas que los oponen unos a otros (plano de la expresión) y por las connotaciones sociales que los acompañan (plano del contenido) y que son caracterizados por sus relaciones con la estratificación social. Se trataría de describir la actitud que una comunidad sociocultural adopta con respecto a los interrogantes fundamentales que le son planteados. La escritura sería un hecho sociolectal.

2) EL IDIOLECTO O UNIVERSO IDIOLECTAL. Es la actividad semiótica de un actor individual. Ahora bien, en la práctica de las lenguas naturales las variaciones individuales no pueden ser muy numerosas ni constituir desviaciones demasiado marcadas porque interrumpirían la comunicación. El estilo es un hecho idiolectal.

3) EL DIALECTO O UNIVERSO DIALECTAL. Son actividades semióticas de un grupo social diferenciadas de otros grupos por una repartición geográfica.

El universo sociolectal sería el estudiado específicamente por la sociosemiótica.

La formación del significado textual

El estudio sociosemiótico del texto artístico más profundo y sugerente es el realizado por Yuri Lotman. Ya adelantábamos al definir la semiótica literaria, algunas ideas de este investigador de la República de Estonia.

Iuri Lotman

Para Lotman, uno de los problemas esenciales de la semiótica es el del significado, puesto que el fin que persigue el estudio de cualquier sistema de signos es la determinación de su contenido.
Si concebimos los signos desde los dos planos clásicos (expresión y contenido), podemos establecer correspondencias entre las dos cadenas de estructuras que se formarían atendiendo a uno u otro aspecto. La intersección de dos cadenas de estructuras en un cierto punto doblemente único la denominaremos signo. Por consiguiente, el problema del contenido es siempre un problema de TRANSCODIFICACIÓN.
Ciñéndonos al texto artístico, hay que recordar que Lotean denomina a éste "sistema modelizador secundario". Los sistemas modelizadores secundarios representarían estructuras cuya base está formada por una lengua natural. Junto a ésta, el sistema recibe una estructura complementaria de tipo ideológico, ético, artístico,… Los significados de este sistema secundario pueden formarse tanto según los procedimientos propios de las lenguas naturales, como por los métodos de otros sistemas semióticos.

Procedimientos teóricamente posibles de formación de significados:

a. TRANSCODIFICACIÓN INTERNA. El significado se forma mediante la transcodificación interna. Son sistemas semióticos en los que el significado se forma no mediante la aproximación de dos cadenas de estructuras, sino en el interior del sistema de modo inmanente. Ejemplos del plano de la expresión: expresiones matemáticas. a = b + c; expresiones musicales,…
Podría decirse que estos signos no poseen significado (ser representantes de objetos distintos a ellos mismos). En realidad, lo que ocurre es que su significado es de naturaleza relacional, expresa la relación de unos elementos del sistema con otros.

b. TRANSCODIFICACIÓN EXTERNA. Los significados se forman mediante la transcodificación externa. Es el caso más corriente, representado por las lenguas naturales.
b.1. Transcodificación externa binaria. Aproximación de dos series. El caso más extendido en la formación de lenguas naturales.
b.2. Transcodificación externa múltiple. Aproximaciones no de dos, sino de muchas estructuras autónomas en las que el signo se constituye en un haz de elementos mutuamente equivalentes de distintos sistemas.

Procedimientos realizados en un material histórico concreto.

a. EL ROMANTICISMO LITERARIO. Transcodificación interna dominante en sistemas modelizadores secundarios de tipo artístico. El contenido de los signos románticos se obtendrá fácilmente determinan do la relación que un concepto guarda respecto a otros conceptos del sistema:
Genio/muchedumbre
Grandeza/nulidad
Singularidad, carácter excepcional/trivialidad, mediocridad
Espiritualidad/materialidad
Creatividad/animalidad
Rebelión/sumisión
El romántico no necesita salir de su sistema para obtener el significado de su concepto de genio o espíritu. El problema del significado objetivo no existe para el romántico.

b. EL REALISMO LITERARIO. Transcodificación externa dominante. El realista se enfrenta con el problema de la correlación entre el significado del concepto en la estructura (de las ideas o del estilo) con el significado extrasistémico. Los realistas atacarán el sistema romántico.

c. AUTOR QUE TRATA DE PENETRAR EN LA ESENCIA DE LA REALIDAD, COMPRENDIENDO EL CARÁCTER LIMITADO DE CUALQUIERA DE LOS SISTEMAS CODIFICADOS. Transcodificación externa múltiple dominante. Pluralidad de transcodificaciones externas.

Todos estos sistemas de formación de significados coexisten a menudo en los sistemas modelizadores secundarios.

Texto y estructuras extratextuales

Una vez que hemos examinado los problemas del signo dentro de los sistemas modelizadores secundarios, debemos fijarnos ahora en el concepto de texto, relacionado con una serie de estructuras histórico-culturales y psicológicas determinadas => concepto relativo de texto (por ejemplo, textos creados como obras independientes, posteriormente funcionaron como partes de un texto más amplio o al revés. Recordemos que en los Cantares de Gesta se crearon episodios que luego se desgajaron y alcanzaron vida propia. Véase el "Romance del prisionero".

Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor,
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día,
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.

Su condición fragmentaria, su final abierto es lo que le da, precisamente, su valor.

Hay que tener en cuenta tres criterios:

1. Lo que el autor entiende por texto.
2. Lo que el receptor percibe como un todo artístico primario.
3. Lo que el investigador artístico percibe como un todo artístico primario.

Teniendo en cuenta que debe de haber una oposición entre estructuras artísticas y no artísticas dentro del código cultural en que nos movamos, podemos establecer cuatro posibilidades:

1. Autor y receptor perciben el texto como un texto artístico = Obra de arte.
2. El autor no lo percibe y el receptor sí = Textos sagrados o históricos.
3. El autor si lo percibe y el receptor no = Escritores no integrados o "malditos".
4. Ni el autor ni el receptor perciben el texto como artístico = Evidencia…

La dificultad mayor de este esquema inicial elemental se da en el primer caso, cuando ambos participantes de la comunicación artística perciben el texto como artístico pero la estructuración de este concepto difiere profundamente en cada uno de ellos

Se ve necesario, pues, establecer la relación que se da entre la estructura real de la obra, el código real, y la estructura esperada por el oyente. Encontramos dos tipos de relación:

1. ESTÉTICA DE LA IDENTIDAD. Fenómeno artístico cuya estructura está fijada de antemano y la expectación del oyente queda justificada por toda la construcción de la obra.
Se basa en una identificación completa de los fenómenos representados de la vida y de modelos clichés que el auditorio ya conoce y que forman parte de un sistema de "reglas".
Ahora bien, para que exista la identificación debe existir la variedad. Si el sistema fuese completamente rígido, toda obra nueva representaría una copia exacta de la anterior.
Lotean afirma que "(…) para que la estética de la identidad no pierda su naturaleza como medio de conocimiento y de información, de creación de un modelo determinado del mundo, debe conjugar los clichés inquebrantables de los conceptos con la variedad del material vivo que se ajusta a estos conceptos." (1970:351)
Nos pone como ejemplo la "commedia dell'arte" en donde nos encontramos con una selección rigurosa de máscaras-clichés unida a la improvisación más libre en la historia del teatro europeo.

2. ESTÉTICA DE LA OPOSICIÓN. Textos artísticos constituidos por sistemas cuya naturaleza de código es desconocida por el auditorio antes de empezar la percepción artística.
Podríamos pensar que tanto el autor como el auditorio pueden sentir el deseo de destruir el sistema habitual de reglas. Sin embargo, la creación sin reglas, al margen de las relaciones estructurales, es imposible. Lo que se destruye en estos casos es el sistema habitual pero no el "principio de sistematicidad".

Esta distinción entre "estética de la identidad" y "estética de la oposición" nos permite acercarnos con mayor objetividad a criterios valorativos.
Por ejemplo, si leemos un cuento o una epopeya tradicional de un país no nos irrita ni nos parece un defecto artístico la conservación de una serie de normas, cánones o clichés que conforman la estructura del texto artístico.
Sin embargo, la observación de esos mismos elementos estructurales en una novela social sobre la vida moderna nos produce una sensación antiestética, de transgresión de la verdad de la vida.
¿Por qué ocurre esto?
El lector se prepara de un modo determinado para la percepción, y en esta preparación entra la sensación de pertenencia a la clase de la estética de la identidad o a la de la oposición.
Lo artístico en el arte moderno estaría singularizado de la siguiente forma: "sistema que no se presta a la modelización mecánica".

"PREGUNTA. ¿No cree que la literatura debería ser una aventura totalmente personal? Muchos libros actuales parecen salidos de algún tipo de taller literario.
JUAN GOYTISOLO. El canon novelesco del siglo XIX me interesa sólo cuando leo una novela de ese siglo, con esos personajes de gran espesor psicológico que evolucionan a lo largo de la novela como en los libros de Stendhal, por ejemplo. Pero no encuentro peor formalismo que en una novela escrita ahora aparezcan los "contestó", "replicó", "añadió",… Cuando abro una novela así, la dejo automáticamente. Entra tan de lleno en la convención que su lectura me resulta imposible. Me parece obra muerta.
Si uno aspira a dejar huella literaria tiene que conseguir su propio espacio literario. No cabe la menor duda de que los autores que no han innovado podrían no haber existido sin que cambiase el rumbo de la literatura española, mientras que si quitamos los esenciales, la literatura española ya no sería lo que es. Hoy podemos hablar de esa gran literatura española -escasa, pero grande- gracias a los autores que devolvieron a la comunidad lingüística un idima distinto al que recibieron antes de iniciar su empresa literaria."

(Entrevista en la revista Ajoblanco, abril, 1992, pp.37-38)

Autores que innovaron, según Goytisolo: Hita y su Libro de buen amor, Delicado y La lozana andaluza, Rojas y La Celestina o Cervantes y El Quijote.

Volviendo a Lotman, acabamos diciendo que el texto artístico, inmerso en una u otra estética, se encuentra también incluido en un sistema complejo de relaciones extratextuales que crean un código complejo que tiene como especificidad artística el que el código del receptor difiere siempre en mayor o menor grado con el código del emisor.

El concepto de literariedad acuñado por Jakobson ha sido superado. La literatura es tanto un código lingüístico como extralingüístico y de lo que se trata es de integrar el estudio verbal dentro de una tesis global sobre el texto artístico como signo cultural.